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PRESENCIA DE CÓNDORES EN LAS SIERRAS DE SIERRA GRANDE Y RECOMENDACIONES PARA SU CONSERVACIÓN

Especialistas del Programa de Conservación del Cóndor Andino realizaron relevamientos en la zona y brindaron recomendaciones para el avistaje responsable y el cuidado de la especie.

Sierra Grande | Integrantes del Programa de Conservación del Cóndor Andino realizaron en los últimos días un relevamiento en las sierras cercanas a Sierra Grande tras el registro reciente de ejemplares en la zona. La bióloga Daniela Reygert y la guardaparque María José Betanzo, ambas integrantes del Ecoparque Buenos Aires y parte del equipo de la base de campo del Programa de Conservación del Condor Andino, visitaron la localidad junto al colaborador local Javier Alegre para observar el comportamiento de las aves y dialogar con la comunidad.

La presencia de cóndores fue registrada por Alegre, quien informó al equipo técnico luego de observar tres ejemplares sobrevolando el área. Según explicó, las visitas de estas aves a la región se producen con cierta periodicidad. “En promedio tenemos la visita una vez al mes. En esta oportunidad vinieron tres hembras. Hice el registro y avisé a la base para que se pudiera realizar el seguimiento”, indicó.

Reygert señaló que Sierra Grande forma parte del recorrido de los cóndores liberados en la región. “Estamos realizando relevamientos en las sierras y en los lugares donde suelen volar. Estos animales recorren grandes distancias y muchas veces utilizan estas zonas para descansar durante sus desplazamientos”, explicó.

Las especialistas indicaron que los cóndores que llegan a la región son, en muchos casos, ejemplares juveniles liberados por el programa que se encuentran en proceso de aprendizaje de vuelo. “Son cóndores que todavía están desarrollando experiencia y comienzan a volar distancias cada vez más largas. Sierra Grande aparece como uno de los puntos hasta donde llegan en ese proceso”, precisó Betanzo.

Ante la presencia de estas aves, los integrantes del programa remarcaron la importancia de mantener una conducta de observación responsable. Entre las recomendaciones principales se encuentran mantener distancia, evitar acercarse y no proporcionar alimento.

“Pedimos que si los ven, respeten su espacio. Vienen volando desde lejos y necesitan descansar. También es fundamental no alimentarlos”, señaló Reygert. Según explicó, el trabajo del programa se basa en el aislamiento humano durante la crianza y liberación de los ejemplares. “Los pichones se crían sin contacto con personas para que no asocien al ser humano con la comida. Por eso es importante que tampoco reciban alimento cuando están en libertad”, agregó.

El objetivo de esta práctica es evitar que los cóndores se acerquen a las personas en busca de comida, lo que podría generar riesgos para su supervivencia. “Si se acostumbran a recibir alimento de humanos pueden acercarse a lugares donde no todos tienen la misma percepción sobre estas aves”, explicó Betanzo.

El programa también realiza seguimiento mediante transmisores satelitales en algunos ejemplares liberados, lo que permite conocer sus desplazamientos. Según indicaron, se han registrado recorridos de hasta 300 kilómetros en un solo día y velocidades de vuelo cercanas a los 120 kilómetros por hora.

Desde la creación de la base de campo en la zona de Pailemán, en 2003, el programa liberó 81 cóndores. Además, se registraron nacimientos en estado silvestre de ejemplares descendientes de aves criadas y liberadas por el proyecto.

Los especialistas también señalaron que el cóndor cumple un rol ecológico clave como especie carroñera. “Son animales que se alimentan de carroña y cumplen una función importante en el ecosistema al limpiar restos de animales muertos”, explicó Reygert.

Entre las principales amenazas que enfrenta la especie se encuentran el uso de cebos tóxicos para controlar depredadores y la presencia de plomo en animales cazados que luego son consumidos por carroñeros. Estas prácticas pueden provocar intoxicaciones en cóndores y otras especies.

En ese contexto, el equipo del programa realiza tareas de monitoreo, rescate y concientización en distintas provincias del país, desde el norte hasta la Patagonia.

Finalmente, los especialistas remarcaron que el avistaje de cóndores puede realizarse de forma ocasional durante todo el año, ya que no existe una temporada específica. La aparición de ejemplares depende de factores como el clima, la disponibilidad de alimento y los desplazamientos propios de la especie.

“Disfrutar la naturaleza con respeto es el mensaje principal. Ver un cóndor es una experiencia importante, pero siempre manteniendo distancia y sin alterar su comportamiento”, señaló Javier Alegre.

Fuente: En este día | Radio Libre

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