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TIEMPOS INCIERTOS Y ANSIEDAD

Cómo cuidar nuestra mente de los miedos.

Por: Dra. Mariana C. Gorella Slavin Matrícula Nro. 2625

E mail: mcgs.psi@gmail.com

Tel (2901)604111

En la entrega anterior hablamos sobre la relación entre las épocas de la vida donde prima la incertidumbre y su relación con la salud mental. La mente humana parece necesitar de cierta previsibilidad: necesita saber mínimamente que le depara el futuro, por lo que en épocas de mucha inestabilidad social, quedamos expuestos a desarrollar ansiedad, debido a la dificultad para sentirnos más seguros en nuestra vida cotidiana.

Es importante saber que la ansiedad es una respuesta del organismo ante algo que se interpreta como una amenaza, es decir, que el cuerpo y la mente reaccionan a algo que causa temor, miedo. El miedo es una emoción natural, que si no lo tuviéramos no podríamos reaccionar a tiempo para defendernos ante un peligro, por lo que es necesario e imprescindible para logra la supervivencia. Aclaremos que si este cuadro de ansiedad se produce eventualmente y ante situaciones muy puntuales y concretas (por ej. Si presenciamos un accidente, si recibimos una noticia mala inesperada, el fallecimiento de alguien muy cercano, una noticia preocupante) la reacción de la mente y el cuerpo ante el evento concreto es totalmente normal y esperable, ya que nuestra biología nos ha diseñado así para que podamos reaccionar. Las reacciones más instintivas ante algo que nos causa miedo, inestabilidad, incertidumbre, es el ataque o la huida. Hasta los animales reaccionan así cuando se sienten amenazados. Por lo tanto, cuando decimos “tengo ansiedad” estamos refiriéndonos realmente a: “tengo miedo a…” (enfermarme o que se enferme un ser querido, a morir, a perder un trabajo, a que ocurra un accidente, etc.)

 

Pero no todos los miedos son iguales. Aquí está la clave para distinguir una situación de ansiedad normal, esperable, producto de un hecho puntual, que luego disminuye y desaparece, a otra situación en la que la ansiedad pasa a ser una enfermedad mental. Cuando decimos “ansiedad patológica” hacemos referencia a que este estado de miedo se ha descontrolado y vuelto permanente.

La ansiedad generalizada es un término utilizado para designar un conjunto de síntomas muy variados. Vamos a describirlos según lo especifica el CIE 10 (Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades, 10° edición):

“La característica esencial de este trastorno es una ansiedad generalizada y persistente, que no está limitada y ni siquiera predomina en ninguna circunstancia ambiental en particular (es decir, se trata de una «angustia libre flotante»). Como en el caso de otros trastornos de ansiedad los síntomas predominantes son muy variables, pero los más frecuente son quejas de sentirse constantemente nervioso, con temblores, tensión muscular, sudoración, mareos, palpitaciones, vértigos y molestias epigástricas. A menudo se ponen de manifiesto temores a que uno mismo o un familiar vaya a caer enfermo o a tener un accidente, junto con otras preocupaciones y presentimientos muy diversos. Este trastorno está a menudo relacionado con estrés ambiental crónico. Su curso es variable, pero tiende a ser fluctuante y crónico”.

La persona afectada debe tener síntomas de ansiedad la mayor parte de los días durante al menos varias semanas seguidas. Entre ellos deben estar presentes rasgos de:

  • Aprensión (preocupaciones acerca de calamidades venideras, sentirse «al límite», dificultades de concentración, etc.).
  • Tensión muscular (agitación e inquietud psicomotrices, cefaleas de tensión, temblores, incapacidad de relajarse).
  • Hiperactividad vegetativa (mareos, sudoración, taquicardia o taquipnea, molestias epigástricas, vértigo, sequedad de boca, etc.).

 

Cuando estamos viviendo situaciones de mucha incertidumbre en nuestro ambiente (recuerden que la misma definición del CIE 10 dice “…y está a menudo relacionado con estrés ambiental crónico”) como nos pasa actualmente, estaremos más propensos a sentir ansiedad, es decir, a sentir miedos.

Por eso es fundamental que en tiempos de incertidumbre, de cambios y de dificultades como las que estamos viviendo en nuestro país, además de las mismas incertidumbres y dificultades particulares a los que todo ser vivo está expuesto, tengamos presente que necesitamos ser Resilientes. La resiliencia es la capacidad que tiene todo ser vivo de lograr sobreponerse a situaciones difíciles, adversas o negativas. Ante la adversidad, tendremos siempre por lo menos dos opciones: dejarnos vencer por los problemas y sucumbir ante los miedos, o ser resilientes y buscar la manera de salir adelante, con una actitud más positiva y optimista, lo que no significa negadora de la realidad.

Algunas recomendaciones que pueden ayudarnos a sobrellevar los tiempos difíciles para mantener los miedos a raya son:

  • Aprender a confiar en nuestras propias capacidades: el miedo gana cuando creemos que los problemas son más grandes que nuestra capacidad de afrontarlos.
  • Armarnos de una red de contención social: cuanto más solos nos sintamos, será más probable que creamos que los problemas nos ganarán. Tener familia, amigos, colegas, grupos en los cuales apoyarse y cuidarse mutuamente es fundamental. Armar proyectos colectivos, unirse o armar grupos con un fin social, de beneficencia, etc.
  • Rodearnos de personas positivas y creativas: el miedo y el pesimismo suelen ser contagiosos. Cuidado de con quien te relaciones.
  • El humor: el antídoto por excelencia para derrotar la mala onda.
  • Actitud: frente a la adversidad, podemos pensar “¡Por qué a mí!”, o bien pensar: “Qué puedo aprender de ésto?”.
  • Creatividad y flexibilidad: siempre es útil tener no sólo un PLAN A en la vida. Tener PLAN B, PLAN C, PLAN D… nos ayuda a saber que cuando algo no funciona, tenemos alternativas y para eso hay que ser creativos y flexibles. Inventar, intentar, probar, salir de la zona de confort.
  • Entender que la vida de por sí no es una película romántica de Hollywood. La vida tiene etapas difíciles y otras más fáciles, momentos lindos y momentos feos, tiene su lado bello y también su lado feo. No idealizar las cosas como tampoco caer en el pesimismo. Entender que todo pasa, aún lo malo.
  • Dejar de gastar energías en aquello que no está a nuestro alcance cambiar. Hay que dirigir nuestros recursos a aquello que sí podemos cambiar y/o mejorar.
  • Cuidar de lo que vemos, oímos y hablamos. La mente es como el cuerpo: si sólo nos alimentamos de comida chatarra, el cuerpo se enfermará. Lo mismo la mente, así que cuidá la información que ingrese a tu cabeza. Sobre todo información que alimenta miedos e incertidumbre.

En definitiva, el mundo es lo que es, y los problemas vienen y van. Los miedos son los precursores de la ansiedad y si los mantenemos a raya, los problemas de la vida cotidiana y de las épocas difíciles no lograrán enfermarnos.

Mantengámonos con los pies en la tierra… y con las alas desplegadas.

¡Hasta la próxima!

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