Regionales

Confirman dos nuevos casos de hantavirus en Epuyén y piden a la gente que no salga de sus casas

Las autoridades aconsejan solo salir para hacer compras y lo necesario. Prohibieron hasta los velorios de las víctimas.

Epuyen Brote de hantavirus en la ciudad de Epuyen. Foto: Marcelo Martinez

Epuyén (Por Caudio Andrade, Clarin) Otros dos casos de contagios de hantavirus en la Cordillera llevó a las autoridades de Chubut a extremar las medidas sanitarias de prevención en Epuyén. La información oficial del ministerio de Chubut indica que en las últimas horas se elevó el número de casos a 26 con 9 fallecidos.

Mientras tanto, en Epuyén las autoridades municipales transformaron los consejos en órdenes urgentes destinadas evitar que el brote alcance mayores dimensiones. En el pueblo quedaron prohibidas las reuniones de cualquier tipo incluyendo los velorios de las víctimas.

Las sospechas de que la cepa Andes del virus mutó y ahora se traslada con mayor facilidad en la saliva vaporizada es la hipótesis más firme que manejan los médicos en el sur. Esto explicaría el número creciente de nuevos contagios.

La pretensión del área de Salud, según pudo averiguar Clarín, es que la gente permanezca en sus casas por los próximos 40 días sin salir salvo para hacer sus compras. El plazo no es caprichoso puesto que se trata del tiempo en el cual el contagio evoluciona y muestra sus síntomas. No es una regla. Se han visto casos, como el de una de las mujeres fallecidas este miércoles en el hospital de Esquel, en que el cuerpo no manifiesta cambios significativos y la muerte se desata en horas.

La provincia dispuso que se entreguen 700 máscaras especiales y botellas de alcohol a los vecinos y se instalaron 400 trampas en todo el pueblo. Fuentes cercanas al municipio indicaron que se capturaron alrededor 20 roedores pero sólo uno habría estado infectado.

Los pobladores se han vuelto monotemáticos, solo hablan del hantavirus y las precauciones que hay que tener. Uno de los aspecto de constante discusión es justamente el grosor de los barbijos. En las farmacias de la zona recomienda utilizar aquellos de mayor grosor. Lo cierto es que los stocks de barbijos de esa calidad en El Bolsón, Esquel y, por supuesto, Epuyén, están agotados.

Por otro lado, una fuente policial le indicó a Clarín que entre hoy y mañana serán enviados alrededor de 50 efectivos hacia el pueblo para realizar diversas labores de ordenamiento y control de vehículos. Al menos 5 policías se habrían negado a aceptar la orden de movilizarse hasta el epicentro del brote. “Hay gente que tiene responsabilidades, hijos pequeños, no quieren ir por miedo de contagiar a sus familias”, le confirma un agente a este diario.

A medida que pasan las horas la ciudad se va cerrando sobre sí misma como un puño. Se ha vuelto natural mantener diálogos a varios metros de distancia y con el cuerpo inclinado hacia atrás incluso entre aquellos que usan barbijo. Los cerca de 4000 habitantes de la localidad están condenados a la inmovilidad y a una rutina que tendrá que resolverse entre las paredes de su hogar. “Nos vamos a volver locos allá dentro, deprimidos, mal, encerrados”, dice Juan un joven del lugar.

Las teorías acerca de lo que les está sucediendo se han disparado. Al menos tres vecinos le indicaron a los enviados de este diario que semanas antes del primer caso se registraron unos 60 perros muertos en los alrededores. “Eso es verdad, se murieron y nadie sabía porqué”, cuenta una mujer. Otro joven llegó al colmo de ponerle un barbijo a su perro. Clarín trató de confirmar el dato con las autoridades municipales pero no hubo respuestas.

Epuyén es un pueblo de luto.

 Hasta hace apenas unas horas los números de contagiados por hantavirus en la Cordillera no superaban a los del anterior brote, que tuvo lugar en el año 1996: 16 infectados y seis fallecidos. Pero la situación comenzó a dar un giro preocupante cuando se registraron 3 muertes y siete infecciones nuevas confirmadas entre el martes y el miércoles.

El pueblo cordillerano, ubicado en los límites fronterizos entre Chubut y Río Negro, es el epicentro del brote. El temor a lo que se está desarrollando en su interior irradia también a los pueblos y ciudades próximas en los que no se han informado casos, como Bariloche, El Bolsón y Esquel, pero cuyos hospitales recibieron a algunos de sus enfermos.

En la localidad de Palena, Chile, el servicio de Salud de los Lagos impuso una barrera sanitaria para prevenir contagios luego de que una joven chilena de 29 años regresó infectada después de visitar a unos familiares en Epuyén. A los trasandinos las autoridades les recomiendan utilizar mascarilla y lavarse las manos constantemente si visitan el pueblo. Una recomendación que también hizo el ministerio de Salud de Chubut pero que en Epuyén no se cumple a rajatabla.

“Cuentan que está bravo, nosotros estamos en el campo de vacaciones, pero nos dicen que todo comenzó en una fiesta”, dicen dos jóvenes de Neuquén capital que pasan unos días en una chacra a 10 kilómetros de El Bolsón. “No es para tanto, el virus es fotosensible y en ambiente iluminado y al aire libre no hay chance de contagiarse”, explica otro vecino.

Pero lo cierto es que en la localidad el ánimo está por los suelos. Sus calles permanecen vacías en una época en la que, de acuerdo a lo que marca la tradición del verano, deberían estar pobladas de visitantes amantes de la naturaleza y el aire puro.

Hoy el aire es sospechoso, una posible vía de transmisión entre una persona y otra, según han comenzado a concluir los médicos de la Cordillera. El hanta podría estar inmiscuyéndose en cualquier conversación. Los facultativos teorizan acerca de que la cepa pudo haber mutado y hoy es capaz de viajar en la saliva vaporizada. Pero son cuidadosos con lo que se comunica de manera oficial.

“No podemos abrazarnos, tenemos dudas de que él otro esté enfermo”, dice Sophie, dueña de una hostería y que no quiere, no puede hablar más, explica. Tampoco desea fotografías. Su lugar, hoy solo es habitado por su familia. Los turistas se esfumaron. Todas las reservas que tenía para el verano se cayeron. Ella y los suyos no salen durante el día. Si van a un comercio utilizan máscaras y luego se lavan cuidadosamente las manos.

El hospital de la ciudad de Epuyen. Foto: Marcelo Martínez

El hospital de la ciudad de Epuyen. Foto: Marcelo Martínez

No son los únicos dolidos. Los vecinos de Epuyén viven entre el enojo y el dolor. Nadie está seguro de qué ocurre en verdad. Y las hipótesis afloran. ¿Comenzó todo en un galpón a principios de noviembre? ¿Hubo un portador? ¿Fue la comida? Los pobladores no se muestran convencidos.

La mayoría de las hosterías, cabañas y hoteles de Epuyén tiene sus ventanas cubiertas, sus portones cerrados. Los restaurantes atraviesan el mismo camino.

Hay apenas un minimercado que se mantiene activo. Pero antes de ingresar, una advertencia: “Por favor si no tiene mascarillas aquí hay”. Todo aquel que ingresa al lugar debe colocarse una. Después de ser atendido los propietarios le ofrecen como gentileza un frasco de alcohol.

“Todo se rompió en este lugar, en horas, lo más típico de los argentinos que son tan comunicativos, se quebró, se acabó”, dice Juan Pablo, un colombiano que tenían planificado permanecer en el pueblo hasta marzo y ahora acaban de decidirse irse mañana. “La tristeza de la gente es enorme, es muy difícil estar acá no solo por el hanta también porque la gente está muy mal de ánimo”, le cuenta a este diario.

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